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Cómo empecé a viajar sola

Viajar

Cómo empecé a viajar sola

Marzo de 2013.

Tuve una semana fatal. Se suponía que el ritmo de laburo en la agencia de noticias donde trabajo disminuía en el verano, pero pasó todo lo contrario. El teléfono no para de sonar: que se cayó esta bolsa, que las acciones de tal compañía están en baja, que esto, que lo otro. No puedo sentir mayor desinterés por este caos. Además me entero que dentro de una semana empiezo las clases del Conservatorio, por lo que me voy a levantar a las 6 de la mañana para cursar audioperceptiva con compañeros 10 años menores que yo. Luego voy a pedalear 30 minutos hasta la oficina entre autos y motos por la ciudad de la furia. Pasaré 9 horas a las puteadas y me iré a otra punta de la ciudad a cursar nuevamente. Cuando llegue a mi casa me voy a sentar con mi instrumento a estudiar en las últimas horas del día. A dormir y así otra vez. Todo sea por un verdadero amor: la música. Sin pensar en nada más que en “es mi última semana libre de acá a un cuatrimestre”, que tengo muchos días de vacaciones acumulados y ahorros, se me ocurre preguntarle a mi jefa, solo para ver qué dice:

— ¿Me puedo tomar vacaciones?

— Sí, claro, ¿cuando?

— Hoy.

im a bit stressed
Bueno sí, estoy un poquito estresado. ¿Por qué me preguntas?

Le explico que la semana siguiente empiezan las clases en el Conservatorio de música, pero sobre todo soy muy sincera al expresarle mis motivos para querer irme de un día para el otro: “no doy más”. Y ella me autoriza las vacaciones. Una semana a partir de ese día.

Dijo que sí. Tengo un shock de adrenalina. No me funciona la cabeza para pensar en nada. Empiezo a mandar mensajes a todos mis amigos: “¿Alguien se quiere ir de vacaciones hoy?”. Crónica de un final anunciado: por supuesto nadie puede.

Esta es la primera vez que me voy de viaje sola. Ya había estado sola en España, 10 días después de haber viajado 3 meses de mochilera por Europa con una amiga y también estuve sola en Salta en la peregrinación a un recital de Divididos en Tilcara, hasta que me encontré con unos amigos en Purmamarca.

Nunca había decidido ir de viaje deliberadamente sola. “Y ahora a donde voy?”, pienso. No siento ninguna duda sobre arrancar sola, es más, ahora parece lo más natural del mundo, algo que hago desde siempre. Pero quemada por el trabajo y el ritmo de la vida diaria se complica averiguar cosas y tomar decisiones en poco tiempo. Las maravillas del estrés: ni fuerzas para irme de vacaciones tengo. Decido irme a dormir el viernes y despertarme el sábado para ver qué hago con la mente y el cuerpo descansado.

“Querrás decir Ubatuba Brasil”

No puedo dormir mucho y me levanto temprano con un millón de dudas y la computadora en mano. Empiezo a preguntar, a averiguar. Quiero ir a la Patagonia, pero por otro lado quiero ir a un lugar con playa. Hacer trekkingy otras actividades en la montaña sola no me convence. Necesito que alguien venga conmigo para eso, pero no, no, nadie puede irse de vacaciones hoy.

Sigo averiguando, esta vez mirando costos. Este viaje es una semana antes de Semana Santa, y los precios ya estan volando. Pienso en ir a conocer El Glaciar, pero irme a la Patagonia es carísimo. Pienso en Ecuador y Colombia, pero es demasiado dinero en pasaje para una semana. Pienso en Brasil. El año anterior había viajados dos meses por Brasil, en mi primer intento de dedicarme a ser viajera (esta será otra historia). Cuando uno está estresado se estresa con todo y yo ya me estresé con la elección de lugar (¿me salió un poema?).

dear stress
Querido stress, terminemos esta relación. Yo.

Entonces sigo pensando a donde voy. Los factores que te llevan a elegir un destino pueden  ser un simple recuerdo que se me viene a la mente como este: me acuerdo que un surfista que conocí en Itacaré, paraíso de los paraísos, había mencionado “ si esto te gusta, tenes que conocer Ubatuba”. Y eso era todo lo que recordaba, no sabía ni donde quedaba este lugar, ni si el nombre que recordaba era correcto. Pongo en Google “Uvatiba Brasil” y el buscador me responde un reluciente “querrás decir Ubatuba Brasil “.

ubativa

Busco las imágenes del lugar y aparecen fotos espectaculares, playas paradisíacas, sol pleno, verde selvático. Me gusta. Busco un pasaje a San Pablo y encuentro que está más barato que un pasaje a Bariloche o a El Calafate. Listo, me voy. Quiero sacar pasaje para ese mismo día, pero el más barato es un  pasaje que sale el domingo y me da tiempo de ir a la casa de mis viejos a buscar mi mochila y organizarme mejor.

¿Qué será, será?

Viajar generalmente se disfruta antes, durante y después. En la previa disfrutas mientras planeas el itinerario e imaginas qué vas a hacer. Es lo que te ayuda a trabajar todo el año y te da motivación para seguir adelante, mientras cuentas los días que faltan para hacer eso que querés. Después, los recordás en fotos, relatas lo vivido a tus amigos. Y durante es una fiesta para los sentidos, todo se estimula, todo es diferente, todo es amanecer.

Este viaje totalmente inesperado y todo lo que va a pasar en él no superará ni defraudará ninguna expectativa, porque no tuve tiempo de elaborarla. Me voy sola porque no me queda otra, porque irme de viaje es lo que necesito sobre todas las cosas. Porque me tengo que ir de viaje adentro mío a ver lo que quiero, porque esta realidad se ve tan irreal. Lo que más deseo es entrar en otra dimensión, en otra zona. Voy tomando carrera para un salto al vacío que definirá el camino a seguir del próximo año.

comfort zone - adventure
¿zona de confort o aventura?


Publicado por Sabina Greenberg el 9 Agosto de 2016. (Reposteado)
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